Aquella noche, después de la conversación con Paul, Claudia regresó a casa con el corazón agitado y la mente en guerra. Sus palabras –“Soy un demonio”– no dejaban de resonar en su interior. Intentó convencerse de que solo era una coraza, una manera de protegerse a sí mismo para no sentir.
¿Qué era lo que él temía realmente?
¿Qué le impedía entregarse?
¿Y si había algo en su pasado capaz de destruir todo lo que empezaba a construirse entre ellos?
Se acostó, pero no logró dormir. Dio vueltas