Luego de aquella conversación íntima y del intento de beso que quedó suspendido en el aire, Claudia se sentía flotando en una en una nube. Ella se había inclinado apenas hacía él, lo suficiente para que el aliento de ambos se confundiera, y aunque sus labios terminaron rozando la comisura de su boca. Aquel instante, breve e incompleto, bastó para alterar su pulso y teñir el resto del día de una felicidad desbordante. Todo parecía acomodarse, como si la vida, por fin, comenzara a avanzar en la d