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El crujido se escuchó a lo lejos. Fue un sonido seco, un eco de huesos rotos, pero suficiente para congelarnos. Boren se tensó, yo también. Sabíamos lo que venía. No era un animal.
El hedor lo confirmó. Pútrido, ácido, antinatural. Como si la muerte hubiera estado fermentando durante siglos bajo tierra.
Y entonces la vimos.
La bestia.
Emergió de entre los árboles con el mismo hambre ancestral de antes. Su piel negra se abría y cerraba como si respi