El aire en la habitación era denso, cargado con el miedo que emanaba de Bonnie. Abigail cerró la puerta tras de sí con un golpe seco, sus tacones resonando contra el suelo de cemento. La joven sentada en medio del cuarto se estremeció al escuchar los pasos acercarse.
—No mereces estar aquí —murmuró Abigail, agarrándole con fuerza la barbilla y obligándola a levantar el rostro—. Pero te necesito. La persona que amas no es lo que piensas, y él merece una lección.
Bonnie jadeó, intentando ap