Mi hermano me llamó horas después para informarme que el concejo tenía a Alessandro. Lo acusaban de proteger a Abigail y, según él, planeaban matarlo. No podía permitirlo. Alessandro no iba a pagar por algo que había sido una orden mía. Conociéndolo, estaba seguro de que jamás revelaría que fue bajo mis instrucciones.
Sin dudarlo, me encaminé hacia las instalaciones donde lo retenían. Mi pecho ardía de rabia e incertidumbre. Cuando llegué, llamé a mi hermano, quien me indicó la ubicación exacta