La marca ardía.
Nadia había aplicado la tinta mezclada con nuestra sangre justo debajo de mi clavícula izquierda, trazando el símbolo de la manada con agujas que parecían morder más que pinchar. Era un lobo aullando a una luna creciente, simple en su diseño pero complejo en su significado.
—El dolor es parte del proceso —había dicho mientras trabajaba—. Te recuerda que la pertenencia tiene un costo.
Ahora, horas después, el ardor se había transformado en un calor constante que pulsaba al ritmo