Marcas que no se borran

El regreso a Isla Decepción fue un funeral silencioso.

Navegamos entre la bruma con nuestros heridos tendidos en el fondo de los botes, sus respiraciones débiles marcando un ritmo que nadie se atrevía a interrumpir. Sera había perdido demasiada sangre; Nadia tendría que trabajar toda la noche para salvarla. Dante apenas podía mantenerse consciente, el dispositivo de Morrison había hecho algo a su sistema nervioso que ninguno de nosotros entendía.

Y los rescatados... los rescatados eran fantasma
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