El bote salvavidas golpeó las rocas con un crujido enfermizo.
Llegamos a la costa este justo cuando el amanecer teñía el cielo de gris perla. Éramos seis: Dante, Sera, Kael, otros dos lobos que no conocía bien, y yo. La alarma había despertado a toda la manada, pero solo los guerreros más experimentados habían venido a investigar.
Y yo, aparentemente. Dante había intentado dejarme atrás, pero una mirada fue suficiente para que entendiera que no iba a funcionar.
El bote era de los que usan los b