Esa noche, nadie durmió.
El consejo se reunió en el edificio principal mientras el resto de la manada montaba guardias en todos los puntos de acceso a la isla. La tensión era palpable, un zumbido eléctrico que hacía que mi piel hormigueara.
—Pudo ser un barco pesquero —argumentó el lobo mayor que había visto antes, un hombre canoso llamado Henrik—. Las aguas de esta zona tienen buena pesca.
—Los pesqueros no usan ese tipo de combustible. —Dante estaba de pie junto a la ventana, mirando hacia la