El amanecer me encontró vomitando detrás de mi cabaña.
Tres días desde la ceremonia de vinculación. Tres días de transformaciones parciales que llegaban sin aviso, retorciendo mis huesos como si fueran arcilla húmeda. Tres días sin dormir más de dos horas seguidas porque cada vez que cerraba los ojos, la loba arañaba desde dentro, exigiendo salir.
—¿Otra vez?
Me limpié la boca con el dorso de la mano. Sera estaba apoyada contra un árbol retorcido, observándome con esa expresión que ya empezaba