Capítulo 60: Una alianza marcada por el eco del hueso
El amanecer no trajo claridad, sino densidad. El cielo aún era gris, pero el aire cargaba un sabor metálico, como antes de una tormenta que no es de lluvia, sino de memoria. Los pájaros cantaban en una escala menor, como si supieran que aquel día no sería testigo de lo cotidiano. Elia se había mantenido despierta toda la noche, sentada en el montículo sagrado, con el cuenco seco en el regazo y los dedos manchados de ceniza. El fuego había hablado. Pero su mensaje no era conclusión. Era invocació