Killian
El golpe en el estómago fue inmediato. Ver a Eliza de pie, tan imponente y con esa mirada que nunca me había dejado indiferente, me arrancó un suspiro. Habían pasado años desde que la había visto por última vez, y aunque mi corazón latió más rápido por el impacto de su presencia, sabía que el peso de ese encuentro iba más allá de lo físico. Era como si el tiempo no hubiera pasado, pero las cicatrices que dejó la relación seguían frescas.
—Ariana—dije, mi voz forzada a mantenerse firme—.