Killian
Las promesas son palabras bonitas hasta que se enfrentan al filo de la realidad.
Había jurado que la protegería. Que no permitiría que nada la tocara, que ningún daño se acercara a su sombra. Pero las guerras no escuchan promesas. Solo entienden de sangre, traición y silencios rotos.
La lluvia golpea el tejado como si el cielo también estuviera harto de tanto fingir. Afuera, los soldados de mi manada entrenan en un ritmo frenético, como si supieran que lo que viene no se puede evitar. D