Ariana
El olor del humo se cuela entre mis cabellos, aferrándose a mí como una promesa rota.
Camino por el bosque con los pies descalzos, sintiendo el suelo húmedo bajo mis plantas. El barro se cuela entre mis dedos, frío y pegajoso, pero me niego a detenerme. Si me detengo, pienso. Si me detengo, todo colapsará.
Ya no soy la hija perfecta.
Ya no soy la princesa obediente.
Soy una loba con el corazón en llamas y un cuerpo marcado por cicatrices invisibles. Y, maldita sea, lo único que late con