Javier se paseaba de un lado a otro en aquella sala de su casa. A cada minuto se asomaba por la ventana comprobando si su mujer llegaba, hasta que al fin la vio bajar del auto de sus compañeros.
Él se sentó en el sofá, tomó el ordenador e hizo como si estuviera trabajando.
—¡Hola!—. Saludo ella como siempre. Aunque él nunca le corresponda el saludo. Se asustó al verlo a esa hora en casa, normalmente llega hasta por la noche.
—¿Cómo van las clases?— Preguntó Javier sin quitar la vista del ordena