Esa misma semana, Cristian recibió una llamada telefónica mientras visitaba a su hijo. Le informaban que el hombre abusador había sido detenido en el aeropuerto cuando se aprestaba a salir del país.
—Isabel. Debes acompañarme a la estación de policía para que reconozcas a tu agresor. El niño también tiene que hacerlo, los delitos son graves y es probable que lo encierren y no vuelva a ver la luz del día.
Le informó.
Volver a ver a ese hombre era un martirio para Isabel. Pero tenía que hacerlo