Valentina observó con ojos acusadores a su esposo. Anteriormente, había sido él, quien había desconfiado de ella.
Ahora en vez de sentirse mal, mejor sonríe, ya no le causa dolor cada decepción que el hombre le hace.
—Hijo, ¿de dónde sacas eso de que yo tengo una amante?— Preguntó, casi al borde de la desesperación porque sabía que era inocente.
—Hace unos días, fuimos a tu empresa y llevábamos un regalo para ti, precisamente por el día del padre. Sin embargo; cuando entramos a tu oficina, una