Al escuchar el ridículo discurso de la maestra, Javier tuvo que contenerse de no darle un merecido golpe para que aprendiera a respetarlo.
—Cierra la boca si no tienes nada productivo que decir—. Le dijo Javier.
Ya que ella había dicho aquellas palabras en el micrófono para que todos los presentes lo escucharan. Sin embargo, con su intención de avergonzar a unos niños le salió caro ya que los chicos parecían conocer muy bien a su padre y le dedicaron unas palabras tan bonitas que hicieron llor