Era la primera vez que Valentina estaba tan cerca del mar. Por un momento temió subir a aquella enorme embarcación a la que, de la mano y el ánimo de su marido lo logró.
—Cuando era niña, mi hermano prometió que un día sería el dueño de un yate y me llevaría a navegar con él—. Recordó con nostalgia.
—Disfruta mis muestras de agradecimiento por estar en mi vida—. Le respondió. Abrazándola por la espalda mientras admiran el vaivén de las olas del mar. Ese momento no era para recuerdos tristes, ha