Anastasia se siente nerviosa, pero a la vez feliz. Eliam está frente a ella y es señal de que todo salió aquel día de la operación. No le va a preguntar nada, su orgullo no se lo permite y prefiere seguir con la duda sobre la cuestión de su salud desde entonces.
―No creas que te volverás a librar de mí, tengo muchas cosas que peguntarte y tú, mucho que explicarme y quieras o no, lo vas a tener que hacer— alegó. —Tarde o temprano tendrás que enfrentarte a mí y espero que tus excusas sean válidas