Al día siguiente despertaron abrazados y muy contentos, Eliam no se había arrepentido como la primera vez. Le dijo que después de desayunar irán a dejar a su padre al aeropuerto porque él ya hizo lo que tenía que hacer, juntar de nuevo a su pareja favorita.
—Dile a tu suegro que ya no serás más su asistente.
Ordenó, casi bromeando.
―¿Por qué no le cuentas a tu padre, el motivo por el cual estás aquí? Ellos tienen derecho a saberlo.
Comentó Anastasia.
―No, es mejor que todo transcurra de est