Antes de que Ethan se convirtiera en el asesino de su propia madre, Esteban lo apartó de esta y solo así la pudo soltar. La señora cayó media desmayada en el sofá, tosía sin parar y su cuello estaba rojo.
—Déjame hacerlo, quiero que muera así como mató a mi hijo.
Gritaba Ethan.
—No. No permitiré que vayas a parar a la cárcel. Tu dolor será aún más fuerte y la conciencia no te dejará tranquilo.
Esteban tuvo que lanzarlo al suelo boca abajo y subirse en él para poder domarlo.
—Hijo, ¿qué pasa