Cuando terminó, intentó ponerse de pie. Tambaleó unos segundos antes de recuperar el equilibrio. Miró hacia el horizonte. El mar la llamaba, susurrándole en un lenguaje que solo ella entendía.
—Pero... ¿Cómo regresaré al océano con este cuerpo? —murmuró, preocupada.
Entonces, como si el propio mar le respondiera, sintió una necesidad apremiante de sumergirse. No era un simple deseo; era un instinto. Un mandato.
Con paso titubeante, avanzó hacia la orilla. Las olas lamieron sus pies, invitándola