El silencio en las aguas era más denso que nunca.
Archer flotaba, sin rumbo, con el corazón hecho pedazos y la mirada vacía clavada en la superficie opaca del océano. Las palabras de Ermys aún lo atravesaban como dagas: “No quiero volver a verte. Nunca más.”
El príncipe del océano, el heredero del linaje de Varión, el guerrero que había salvado la grieta… estaba roto.
—¿Cómo pudo creerlo…? ¿Cómo no vio que era una ilusión? — susurró, apretando los puños con rabia contenida.
Detrás de él, emergie