El silencio cayó entre ellos como una tormenta inesperada. La expresión de Amanda pasó de la confusión a la sospecha.
Recordaba perfectamente haber visto a Dante en la fiesta, alrededor de las once de la noche. Él le había prometido ir por unos tragos… ya que después irían a un lugar más “privado” … pero nunca regresó. Hasta ahora.
Dante mantuvo la compostura, pero dentro de su cabeza las piezas no encajaban. ¿Siete días? Imposible. Para él, solo había sido una noche en aquel lugar.
—Oh… claro…