Capítulo 136. La debilidad más fuerte.
Dominic Ivankov
Cuando iba de camino a hacer lo propio con los dos bastardos, salió otro de los médicos con expresión de cansancio.
—Ella lo está llamando.
Apenas escuché esas palabras, salí corriendo de nuevo a la silenciosa habitación. Era un silencio que no era paz. Era suspensión.
Cierro la puerta tras de mí. No dejo que nadie me siga. No necesito testigos. Ni médicos. Ni enfermeros. Ni perros leales.
Solo quiero verla.
Está ahí. En la cama. Sus ojos semicerrados, y un murmullo que dice m