Capítulo 130. Palabra de hombre.
Verónica
El silencio era opresivo, pesado, como si el aire hubiera decidido quedarse quieto, incapaz de moverse ante la tensión que se palpitaba. La figura de Dante estaba allí de rodillas, con la mirada fija en mí, pidiéndome que disparara, tenía una mezcla de desesperación, angustia, tristeza, nunca había visto un hombre verse tan destruido, como si estuviera a punto de colapsar.
Al parecer estaba en un punto de no poder más, de no soportar la carga de sus propios errores.
Y yo estaba allí,