Capítulo 129. La traición de la sangre.
Me estremecí, alejando ese pensamiento. No, no podía dejar que eso ocurriera. Tenía que encontrar una salida, para los dos.
Mis ojos se posaron en la maltrecha figura de Elizaveta que yacía en la cama. A pesar de todo, aún había un destello de desafío en su mirada. Eso despertó algo en mí: una feroz protección que no había sentido en años.
—Escúchame —le dije arrodillándome a su lado. —Sé que te duele. Sé que tienes miedo. Pero necesito que seas fuerte solo un poco más. ¿Puedes hacerlo por mí?