Capítulo 154. Elegir entre el amor y la familia.
Trina Quintero
—¡Dominic! —grité de nuevo, esta vez con autoridad—. Baja el arma. Te lo pido.
Y por un segundo, él dudó. Sus dedos temblaron. Su mirada se clavó en la mía. No en Izan. No en Verónica. En mí.
—Por favor… —susurré.
Fue entonces cuando bajó el arma. No porque temiera. Sino porque yo se lo pedí. Porque sabía que, si disparaba, me perdería para siempre.
Izan soltó el aliento como si hubiera estado conteniendo el alma. Mi tío papá, se apoyó contra la pared. Verónica me miraba como