Capítulo 112. Redención en las sombras.
Dante
—Yo… —Si fui brusco, pero ella también lo disfrutó, pensé—, fue voluntario, ella me dejó… —expresé con vergüenza—, pero no fui gentil y… era su primera vez
—¿Entonces qué carajos te pasó por la cabeza? —gritó, lanzándome una carpeta que había traído consigo contra mi pecho—. ¡Esa niña los ayudó a escapar! ¡Y tú la entregaste como un cerdo al matadero! ¿Y de paso te la follaste? ¡Me avergüenzo que seas mi hijo!
Espetó, mientras las fotos se esparcieron por el suelo.
Vi a Elizaveta. Atada