Capítulo 113. Las lágrimas de un verdugo.
Dante
Las palabras de mi padre me atravesaron como cuchillos al rojo vivo. Sé que debíamos rescatar a mi prima; sin embargo, no podía dejar de preguntarme: ¿Qué pasaría si no llegábamos a tiempo a rescatar a Elizaveta? ¿Si moría? Jamás me lo perdonaría.
El corazón se oprimió en mi pecho, el dolor me atravesó como una filosa espada. Elizaveta, me repetí como un mantra. Me había gustado desde que la vi, pero había enterrado en lo más recóndito de mi pecho ese sentimiento, porque la creía una tra