Capítulo 101. Lo que no pueden romper.
Trina.
Mi actitud inquebrantable, los llenaba de odio, por eso uno me pateó por la espalda. Otro me arrastró por los tobillos hasta una esquina húmeda de la sala. Me ataron con las manos a la espalda, de rodillas, con la frente pegada al suelo.
Y entonces lo escuché entrar.
Seamus.
Pasos lentos. Como si viniera a ver su obra de arte.
—Te ves peor que una rata mojada —dijo, con esa sonrisa de mierda en el rostro.
—Tú también —respondí apenas, levantando la mirada.
—¿Todavía tienes fuerzas para h