Capítulo 102. La crueldad de los Petrov.
Elizaveta
Cuando abrí los ojos, la luz era débil. Había humedad en las paredes, olor a orina vieja y metal oxidado. El suelo era de concreto, las paredes transpiraban humedad.
Estaba en una celda subterránea. Encadenada de pies y manos. Los tobillos unidos con grilletes. El cuello con un maldito collar de castigo. Las cadenas que me sujetaban las muñecas parecían haber sido forjadas para esclavos. Porque eso era lo que ellos querían que fuera: una esclava, una prisionera rota, una basura sumisa