Cap. 148. El escudo de un cobarde.
En Grecia.
—¡Maldito Alexandros! —bramó el padre de Helena, con la voz ronca y desbordada de rabia, mientras arrojaba su vaso contra la pared de piedra—. ¿De verdad ese imbécil pensaba que yo, el mayor de los Nikolaus, iba a caer como los jefes idiotas de otros clanes? ¡Que estaban acurrucados en sus residencias como gatos viejos esperando su fin!
La noticia había llegado minutos antes cuando el informante no titubeó en confirmar lo que todos esperaban que Alexandros Kouros estaba muerto.
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