Cap. 147. Alma derrumbada.
El avión aterrizó en Los Ángeles en plena madrugada, rompiendo el silencio de la pista con un zumbido áspero y prolongado.
Apenas tocaron tierra, un convoy de guaguas negras, de cristales oscuros y apariencia blindada, aguardaba.
Estos vehículos no llevaban emblemas ni placas.
De ellos solo se desmontaron hombres con rostros fríos y movimientos precisos, todos escoltas armados hasta los dientes.
Se dirigieron sin demoras a una propiedad oculta entre colinas y caminos polvorientos, sin vecinos,