Cap. 35. Testigos inesperados.
Narrador omnisciente.
Aris disfrutaba cada segundo del desconcierto de Javier, saboreando la manera en que él miraba la mano de Maite, esa que, hasta hace un instante, lo sostenía con fuerza… y que ahora lo había soltado.
Maite, en cambio, estaba furiosa consigo misma. ¿Por qué demonios lo había hecho? No había ninguna razón, ningún motivo lógico. No lo había pensado, simplemente actuó, impulsiva, sin premeditación. Y ahora, ver la expresión herida de Javier la hacía sentir miserable.
Él siemp