Atina
Me reí de su gemido. Estaba empezando a comprender las tendencias asesinas del lugar. La maldición. La forma en que la maldición lo distorsionaba todo. No podía decirle que quienes intentaban matarnos solían ser mis mascotas. El pulpo del estanque se llamaba Ladrón porque lo había robado de una exhibición. Su angustia por estar cautivo resonaba a través del cristal. No podía dejarlo allí. Intenté liberarlo de nuevo en el océano, pero no me dejó. Colocarlo en el estanque de mi castillo par