Romeo
Por mi vida, no podía entender de dónde venía el nombre del Palacio de los Sueños en ese Castillo, pues no tenía nada de onírico, de soñoliento o remotamente relajante.
Era mágico, ciertamente (después de todo, se trataba del Lejano Norte), pero a diferencia del Castillo, con sus ritmos lentos y sus fragmentos del universo, la magia del Palacio era un juego de óptica, de trucos elaborados e ilusiones fantasmagóricas.
Las habitaciones cambiaban constantemente, desplegándose en un nuevo esc