CAPÍTULO 81– El cielo de Cromo
— Están aquí —susurró Kerana, aunque su voz no salió de sus labios, sino que resonó directamente en el centro del cerebro de Tao.
— Lo siento —respondió él.
No había rastro de olor, ni un crujido de ramas. Era una distorsión en el tejido mismo del espacio.
El primer helicóptero de ataque, un mastodonte negro de rotores silenciosos, emergió de entre las nubes bajas. No hubo advertencias. No hubo parlamentos. El cielo se rasgó cuando una ráfaga de ametralladora pes