CAPÍTULO 80— Un Solo Ente
— Tao... no me sueltes —la voz de Kerana no vino del exterior. Resonó en el núcleo de su hipotálamo, clara y vibrante— Siento las raíces... siento el hierro en el agua profunda... siento el peso de las montañas sobre nosotros.
— No te suelto, Kerana. Soy tu sombra y tú eres mi luz —respondió la voluntad de Tao, fundiéndose con la de ella— Déjame entrar más profundo. Necesito tus nervios. Necesito tu conexión con el suelo.
El intercambio de energía fue tan violento que