CAPÍTULO 74 – El ultimátum de cristal
Iker permanecía en el porche de la casa Alfa, observando el horizonte con ojos que no habían conocido el sueño en tres días. A su lado, Atuel revisaba los mapas de patrulla, aunque ambos sabían que las lanzas de obsidiana y el valor de los guerreros servían de poco contra lo que se ocultaba tras la bruma de la ciudad.
— ¿Sientes eso? —preguntó Atuel, deteniendo su pluma sobre el cuero. Sus orejas se agitaron hacia atrás.
Iker no respondió. No necesitaba oí