CAPÍTULO 67 – Neón y colmillos
— Es demasiado —susurró Kerana, cubriéndose la nariz con el dorso de la mano. Sus ojos ámbar brillaban con una intensidad febril bajo las luces de neón que teñían la bruma de un rosa violento— Siento que el aire me quema por dentro. Todo este... ruido blanco. No puedo escuchar el bosque, Tao. No escucho nada más que estática.
— Concéntrate en mi pulso, Kerana —dijo Tao, su voz sonando profunda y anclada— No intentes abarcar la ciudad. Ignora a los humanos. Son sol