CAPÍTULO 66 – El pacto del cazador
— Algo nos sigue —susurró Kerana, sus ojos ámbar escaneando la penumbra— No es el viento, Tao. Es un peso en el aire.
Tao cerró los ojos y expandió su don. Su mente se sumergió en el bosque como una sonda, buscando el latido, el pensamiento, la chispa de conciencia. Pero lo que encontró lo dejó frío. No era la estática desordenada de un animal, ni el ruido mental caótico de un humano. Era un vacío activo. Alguien estaba bloqueando su rastro mental con una dis