Mundo ficciónIniciar sesiónAndrew nos observa mientras desayunamos. Aunque intenta ocultarlo, sabemos que su corazón está dividido entre el amor que siente por Rose y el peso de las expectativas de su familia. Rose lo mira de reojo mientras sirve café. Su rostro es tranquilo, pero sus ojos delatan preocupación. Ambos saben que su relación no será fácil, pero también saben que vale la pena luchar por ella.
Los observo en silencio. Pienso en todo lo que hemos pasado, en todo lo que aún nos espera. La vida aquí no es perfecta, pero es nuestra. Y mientras estemos juntos, seguiremos adelante. Siempre los apoyaré en su relación y me enfrentaré yo misma a sus padres y su manada si es necesario. Rosaura siempre está a mi lado, actuando como una madre para mí.
Estaré a su lado y seré la hija más fiera en su defensa. Me protege con todo su ser, incluso cuando las críticas y los rumores la persiguen. Nadie entiende su sacrificio, ni siquiera Andrew, que la ama profundamente.
Para el resto de la manada, Rose es un hombre que mantiene una relación homosexual con Andrew. Pero nosotros conocemos la verdad. Sabemos lo que tuvo que hacer para salvarme.
A pesar de todo, Rosaura nunca se lamenta. Su fuerza, su alegría y su pasión por protegerme son inquebrantables. Cada día me recuerda que debemos seguir adelante, que no importa lo que digan los demás. Mientras estemos juntas, podremos enfrentarlo todo.
Envuelta aún en la toalla, con el agua goteando de mis cabellos, me siento en nuestra pequeña mesa, donde el aroma del desayuno recién hecho me envuelve. Devoro la comida con ansias, como si cada bocado fuera una forma de absorber la energía necesaria para el día que tenemos por delante. Rose me lanza una mirada divertida, sus ojos brillando con complicidad, mientras Andrew sonríe desde su asiento, claramente entretenido por mi prisa desenfrenada.
—Siempre tan elegante —dice Andrew, con un tono burlón, mientras levanta su taza de café, como si estuviera brindando por mi desaliño.
—No tengo tiempo para elegancia —respondo con la boca llena, sintiendo cómo la risa burbujea en mi pecho—. ¡Hoy es el día de la reunión de líderes! EL CONCLAVEEE. Enfatizo con un aire de divertida solemnidad, y la seriedad de la situación se disipa por un momento. La risa de Andrew se mezcla con la de Rose, creando un refugio cálido. Aunque el mundo fuera de estas paredes se sienta hostil y peligroso, aquí, en este instante, soy feliz.
Apurate bebe grita Rose desde la calle listas para partir esperamos el transporte, un extraño sentimiento, llega a mi corazón. El elegante autobús se para frente a nosotros, subimos los rostros son conocidos esta es nuestra rutina diaria.
Rose y yo vivimos en un barrio latino a las afueras de la ciudad, un lugar que, a pesar de su modestia, rebosa de vida y color. Hace aproximadamente tres años que nos mudamos a nuestro pequeño apartamento, un refugio que hemos hecho nuestro en medio del bullicio y la lucha diaria.
Desde que llegamos a América, vivimos en el refugio "Nuestra señora", una pequeña parroquia en un barrio muy pobre de la ciudad. …. “Dejenme les cuento del refugio Allí “ , el padre Santiago cuida de los niños que, como Rose y yo, escapamos de la crueldad que el mundo prepara especialmente para algunos de nosotros.
El padre Santi, como le decimos cariñosamente, es un hombre regordete, amable y tan bueno que entrega su vida por el hogar y por los niños que allí vivimos, en medio de las pandillas y la maldad que nos rodean. Pero su bondad no debe confundirse con debilidad. Su rebeldía en la juventud lo llevó a desafiar las normas eclesiásticas, cuestionando el despilfarro de recursos de la Iglesia y la falta de atención a los más necesitados. Se atrevió a hablar en contra de la corrupción dentro de la institución, lo que le valió su destierro a este barrio olvidado.
A pesar de su castigo, Santi encontró en el refugio su verdadero propósito. Se ganó el respeto de las pandillas del sector, no por temor, sino por su capacidad de conectar con ellos, de entender sus luchas y ofrecerles una salida. En su corazón, sabía que cada niño que llegaba al hogar merecía una oportunidad, y por eso, estableció reglas firmes. Aunque es justo y compasivo, no tolera la deshonestidad ni la falta de respeto. Su autoridad se basa en el amor, pero también en la disciplina. Los niños saben que, bajo su cuidado, están protegidos, pero también deben asumir la responsabilidad de sus acciones.
Cada día en el refugio es una lección de supervivencia. En el refugio se aprende a a compartir, a cuidarnos unos a otros y a encontrar alegría en las pequeñas cosas. Aunque el pasado nos persigue, allí encontramos un nuevo sentido de pertenencia. La comunidad, a pesar de las dificultades, es un lazo que nos une, y en cada sonrisa compartida, en cada abrazo, siento que la selva, de alguna manera, sigue viva en nosotros.
Mientras el autobús avanza, me asomo por la ventana y observo cómo el paisaje se transforma ante mis ojos. Las humildes tiendas de barrio se desvanecen, dando paso a grandes centros comerciales, edificios elegantes y, finalmente, exclusivos chalets rodeados de naturaleza.
—Amara —me llama Rose, su voz suave interrumpe mis pensamientos —. El padre Santi llamó para recordarnos que debemos ir a celebrar Reyes con los niños de la casa.
Su tono cálido trae una sonrisa a mi rostro. Santi siempre se preocupa por nosotras, como un padre amoroso.
—¿Cómo está? —Pregunto, sintiendo una mezcla de cariño y nostalgia—. ¿Dijo si comíamos bien? ¿Si necesitábamos algo?







