Las Dos Vidas de Alaric

Rose asiente, su mirada brilla con alegría al recordar la llamada. — ¡Sí!, imagínate que nos guardó chicha de la que hizo greta, ambas sonreímos. Y yo vuelvo a mirar por mi ventana de nuevo absorta

—Santi es un ángel— murmura Rose, mientras me empuja suavemente

Sus palabras me sacan de mi trance,. Siempre ha estado atenta a mí, buscando maneras de ayudarme a salir de mis pensamientos.

—Lo sé —respondo, intentando centrarme—.

— ¿Que pasa bebe?— 

Estaba pensando en… cosas.

—Cosas de la selva, ¿verdad? —pregunta con un tono comprensivo.

Asiento. —Es el sueño, el de la Loba, la mujer la oscuridad! —.

—No pienses más en eso—, Vamos a hacer que este día sea especial para nosotras —dice Rose, con su dulce, firme y alentadora voz.

Además, celebraremos reyes con los niños y santi , no pienses más en ese sueño bebe lo resolveremos sea lo que sea.

El autobús se detiene y nos preparamos para bajar caminamos hacia el Country Club Arms, siento que, a pesar de todo, no estamos solas. Esta Santi, los niños de la casa y nos esperan con los brazos abiertos. Eso me reconforta.

LAS DOS VIDAS DE ALARIC

La sala de prensa del Country Club Arms, propiedad de la poderosa familia Huntington-Vanderbilt, está llena de periodistas ansiosos, cámaras listas y murmullos que se apagan en cuanto el heredero de la fortuna Huntington entra al lugar. Alaric Drake Huntington Vanderbilt, impecable en su traje negro, camina con porte firme y mirada calculadora. Para los humanos, él es simplemente un hombre de negocios exitoso, el CEO carismático que lidera uno de los grupos empresariales más prestigiosos del mundo. Pero para el reino arcano, el reino de las criaturas mágicas y para los lobos, él es mucho más: el alfa de la manada Luna Áurea, el lobo milenario, nacido cada cien años, único y poderoso, en sus hombros cae el peso de la profecía de su union con la diosa Thea, madre de Selene, diosa de los lobos y las criaturas mágicas.

Sin embargo, pocos conocen los secretos que guarda. Alaric no tiene pareja, y su lobo, Hyperion, ha perdido la esperanza de que Thea, su mate destinada por la diosa Selene, algún día nazca. Para los lobos, encontrar a su mate es un evento sagrado; una conexión que trasciende todo y los une de por vida. Pero Alaric, a pesar de ser alfa, ha desafiado esa tradición.

—Señor Huntington, ¿cómo afecta su divorcio la estabilidad de la empresa de cosméticos ERA, propiedad de la señora Huntington? —pregunta una periodista pelirroja, con voz firme y mirada inquisitiva. Alaric mantiene la compostura, aunque la pregunta toca un tema delicado.

—Ex-Señora Huntington —corrige, con un tono cuidadosamente neutral—. O mejor dicho, Vanessa Smith. Vanessa es una mujer fuerte, al igual que su empresa. No tengo dudas de que ERA continuará prosperando bajo su liderazgo.

Dentro de él, Hyperion gruñe. —¿Fuerte? — dice el lobo con desdén—. Sabes que fue un error desde el principio. Alaric ignora el comentario, pero no puede evitar recordar. Vanessa, una omega de su manada, fue su esposa durante cinco años. Se casó con ella en un intento desesperado por darle estabilidad a Luna Áurea, su manada, la que había quedado vulnerable tras la muerte de su padre. Aunque era un alfa fuerte, el peso de la profecía indica que si no conoce a Thea, enloquecerá y su poder destruiría el mundo de los lobos y las criaturas. Sabía que Vanessa no era su mate, pero pensó que podría construir algo sólido con ella.

—Fue una decisión lógica —se repite a sí mismo, como tantas veces antes. Pero la lógica no fue suficiente. Su matrimonio terminó en fracaso, y aunque Vanessa intentó darle un heredero, nunca logró concebir. Hyperion, su lobo, nunca aceptó a Vanessa.

—No era nuestra —dice ahora, con un tono sombrío.

—Lo sé —responde Alaric en silencio—. Pero no podemos esperar a alguien que nunca vendrá. Hyperion gime. —Thea no existe. La diosa Selene no nos hizo para eso.

Somos únicos. Fuertes. Pero solos. Alaric cierra los ojos por un momento, intentando calmar a su lobo. La sala de prensa lo observa con atención, pero nadie sospecha la batalla interna que libra. Para ellos, él es simplemente un hombre poderoso, un empresario astuto, un líder implacable.

—¿Y su vida personal? —pregunta otra periodista, con un tono que sugiere más curiosidad que profesionalismo—. ¿Tiene planes de volver a casarse? Alaric sonríe, una sonrisa calculada que no revela nada. —Mi enfoque está en el grupo Huntington Vanderbilt —responde, evitando cuidadosamente cualquier detalle personal.

Los periodistas asienten, satisfechos con su respuesta, mientras Hyperion gruñe en su mente. —Mujeres. Siempre buscan algo que no podemos darles. Alaric reprime un suspiro. Es cierto que ha sido un mujeriego. Su reputación entre los lobos y los humanos se ha visto empañada por sus relaciones pasajeras, pero él sabe que nunca podrá ofrecerle su corazón a alguien que no sea su mate.

—No podemos ser fieles a nadie más —dice Hyperion, con tono solemne—. Solo a ella.

Cuando se disponía a salir de la sala, le esperaba una pequeña y bella periodista

—¿Señor Huntington Vanderbilt? —dijo con una sonrisa que parecía más personal que profesional—. ¿Podría concederme unos minutos más?

Alaric la miró con calma, evaluando su postura. Había algo en su mirada que despertaba su interés, aunque sabía que no era más que un juego.

—Claro —respondió, con su voz grave y controlada.

La conversación comenzó formal, pero pronto los límites se desdibujaron. La periodista, cuyo nombre era Claire, se acercó más de lo necesario, su voz bajó de tono, sus palabras se volvieron más insinuantes. Alaric, acostumbrado a estas interacciones, no se resistió. Hyperion, su lobo, gruñía en su mente, pero no de desaprobación.

—No es nuestra mate —dijo el lobo, con un tono indiferente—. Pero si ella quiere jugar, que juegue.

Lo que sucedió después fue rápido y discreto. En un rincón apartado de la sala de prensa, lejos de las cámaras y los ojos curiosos.

Claire y Alaric cruzaron una línea. Para él, fue un momento pasajero, una distracción que no significaba nada. Pero para alguien más, para alguien que ni siquiera estaba presente, ese acto resonó como una traición profunda

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