Subí las escaleras sin mirar atrás, con la sensación pegajosa de que el aire en la casa ya había cambiado incluso antes de que ellos cruzaran la puerta, como si su sola presencia en la ciudad contaminara todo lo que yo había logrado sentir como seguro, cerré la puerta de mi habitación con cuidado, sin hacer ruido, apoyé la espalda contra la madera y respiré hondo, una vez, dos veces, hasta que el temblor en mis manos fue apenas perceptible, luego caminé hacia el baño, encendí la ducha y dejé qu