Era domingo, y por primera vez en semanas no tenía práctica en el hospital. Me desperté tarde, con el sol colándose suavemente por la ventana, iluminando la habitación y calentando apenas mi rostro. Había decidido que ese día me esforzaría por estar más animada, al menos un poco, aunque sabía que por dentro seguía cargando las sombras de lo sucedido semanas atrás. La cocina de la mansión se sentía acogedora, el aroma del café recién hecho flotando en el aire, y Nana estaba allí, lista para ense