A las nueve y cuarenta y tres de la mañana del miércoles, el bebé llegó.
Valentina escuchó el llanto antes de ver nada, y ese llanto — pequeño, contundente, indignado con la precisión de alguien a quien acaban de presentarle el mundo sin consultarle — fue la cosa más real que había escuchado en su vida.
La doctora Ramírez dijo algo que Valentina no escuchó completamente porque el llanto llenaba todo el espacio disponible y porque había algo en sus propios ojos que hacía que la visión fuera temp