Los primeros tres días fueron caos.
No el caos desorganizado del desastre sino el caos productivo de algo nuevo que no ha encontrado todavía su ritmo: el tipo de caos que tiene dirección aunque no lo parezca desde adentro.
Camila dormía en tramos de dos horas. Comía con la frecuencia y la urgencia de alguien que ha decidido que el hambre no espera. Lloraba con una especificidad que Valentina fue aprendiendo a descifrar con la velocidad acelerada que da la necesidad: este llanto es hambre, este