Daniela Fuentes tenía una regla de oro que llevaba aplicando desde los veintiún años con una consistencia que ella misma consideraba admirable: no salir nunca con amigos del entorno de sus amigas. Demasiada contaminación cruzada. Demasiada complejidad cuando las cosas terminaban mal. Demasiado trabajo emocional para todos.
Rodrigo Mondragón llevaba tres semanas demostrándole que esa regla, aunque sólida en teoría, tenía excepciones.
La primera vez que lo vio fue el día de la mudanza, cuando él